Europa está logrando avances significativos en la reducción de emisiones de CO₂ gracias al crecimiento en la adopción de vehículos eléctricos. Según un reciente informe de Transport & Environment (T&E), se espera que este año la expansión de los automóviles eléctricos ahorre al continente 20 millones de toneladas de CO₂. Esta cifra es equivalente a las emisiones generadas por ocho plantas de energía de carbón y marca un paso positivo dentro de un sector históricamente difícil de descarbonizar. Sin embargo, el transporte sigue siendo el mayor emisor de gases contaminantes en la Unión Europea, lo que plantea desafíos importantes para el futuro.
Una transformación impulsada por políticas verdes
El sector del transporte es el único que aún emite más CO₂ que en 1990, superando a la industria, la generación de electricidad y los edificios. En 2024, el transporte europeo generó 1.05 mil millones de toneladas de CO₂, una reducción del 5% en comparación con los 1.1 mil millones de toneladas de 2019. Esta disminución está estrechamente relacionada con el crecimiento de los vehículos eléctricos, los cuales han ido sustituyendo progresivamente a los automóviles de gasolina y diésel en los últimos años.
El informe de T&E atribuye gran parte de este progreso a los estándares de emisiones de CO₂ para automóviles en la UE. Estas normativas han proporcionado a los fabricantes previsibilidad, permitiéndoles invertir en la transformación de sus líneas de producción hacia la movilidad eléctrica. A su vez, la reducción en los costos de fabricación de baterías ha facilitado la expansión de modelos más asequibles y de producción masiva que estarán disponibles en 2025. Como resultado, este año se espera que 8.8 millones de vehículos eléctricos circulen por las carreteras europeas, lo que significa que uno de cada cinco automóviles nuevos vendidos en la región no tendrá emisiones directas.
El impacto de estos cambios es considerable, ya que los automóviles son responsables de aproximadamente 450 megatoneladas de CO₂ anuales, representando el 13% del total de emisiones de la UE. Gracias a los avances tecnológicos y al uso de energía cada vez más limpia en la generación de electricidad, los vehículos eléctricos son actualmente tres veces menos contaminantes que los de combustión interna, y su impacto ambiental seguirá mejorando con el tiempo.
El desafío de la infraestructura de carga y la producción de vehículos
A pesar de los avances en la adopción de vehículos eléctricos, uno de los mayores obstáculos sigue siendo la infraestructura de carga. Sin embargo, según T&E, la expansión de puntos de carga ha mantenido el ritmo del crecimiento de los BEV (vehículos eléctricos de batería). La regulación de infraestructura para combustibles alternativos (AFIR) en la UE establece objetivos anuales para cada país en función del número de vehículos eléctricos en circulación, y la meta de 2025 ya se había superado en 2022. Actualmente, existen más de 1.100 estaciones de carga, y 11 países han alcanzado el objetivo de instalar puntos de carga cada 60 kilómetros a lo largo de las principales carreteras. En las ciudades, metrópolis como Oslo, Ámsterdam, Copenhague, Bruselas y Liubliana lideran la instalación de infraestructuras para carga urbana.
Sin embargo, la fabricación de vehículos eléctricos aún tiene un impacto significativo en las emisiones de CO₂. Cada año, se venden alrededor de 10 millones de vehículos nuevos en Europa, y su producción (sin incluir la batería) es responsable de aproximadamente 50 megatoneladas de CO₂. Los principales puntos críticos en términos de emisiones son la fabricación de baterías, el uso de aluminio y el acero. Para mitigar estos efectos, T&E propone un mayor uso de acero reciclado y tecnologías más limpias en la producción de estos materiales.
El transporte aéreo y marítimo: el gran desafío pendiente
A pesar del avance en la reducción de emisiones en las carreteras europeas, el transporte aéreo y marítimo continúan representando un gran desafío. En 2023, las emisiones del sector aéreo en Europa aumentaron casi un 10%, alcanzando los 143 megatoneladas de CO₂, mientras que el transporte marítimo generó 195 megatoneladas de CO₂ equivalente, manteniéndose en niveles elevados. Ambos sectores siguen dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles, lo que dificulta su descarbonización.
No obstante, la inclusión del transporte marítimo en el mercado de carbono de la UE (ETS) ha generado ingresos significativos, alcanzando los 5.000 millones de euros en 2024. Estos fondos podrían destinarse a reducir la brecha de costos entre los combustibles fósiles y los combustibles ecológicos, lo que facilitaría la transición energética en ambos sectores.
El director ejecutivo de T&E, William Todts, destaca la importancia de mantener y fortalecer las políticas medioambientales en la UE. «Europa está avanzando en su independencia del petróleo, pero seguimos gastando cientos de miles de millones en importar combustibles fósiles», señala. En 2023, el 96% del petróleo crudo y el 90% del gas natural consumidos en Europa provenían del extranjero, a menudo de regímenes autocráticos y a un costo elevado. Por ello, el desarrollo de energías limpias y la reducción de la dependencia de combustibles fósiles no solo son esenciales para el medio ambiente, sino también para la seguridad energética del continente.
El informe de T&E deja en claro que, aunque los vehículos eléctricos están contribuyendo significativamente a la reducción de emisiones, aún queda un largo camino por recorrer para lograr un transporte verdaderamente sostenible en Europa. La electrificación del sector debe ir acompañada de mejoras en la infraestructura de carga, una producción más limpia de automóviles y soluciones efectivas para reducir las emisiones del transporte aéreo y marítimo. Solo con una estrategia integral y políticas ambiciosas será posible alcanzar los objetivos climáticos de la región y asegurar un futuro más sostenible para las próximas generaciones.