Europa se encuentra en un momento crucial en la lucha contra el cambio climático. A pesar de su imagen de liderazgo ambiental, un reciente informe de la organización Beyond Fossil Fuels revela que los planes para expandir la capacidad de generación de energía a base de gas en varios países europeos están en contradicción directa con los objetivos climáticos establecidos. Este panorama amenaza con consolidar la dependencia de los combustibles fósiles durante décadas, lo que podría tener consecuencias irreversibles para el planeta.
La expansión de la capacidad de generación a gas
El informe destaca que las naciones europeas tienen previsto añadir 80 gigavatios (GW) de nueva capacidad de generación de energía a base de gas, lo que representa un incremento del 32 % en comparación con la capacidad actual. Este aumento masivo es liderado principalmente por tres países: Italia, Alemania y el Reino Unido. Estos tres, que ya generan el 45 % de la electricidad a partir de gas en Europa, planean incorporar la mitad de las nuevas plantas previstas.
Italia, Alemania y el Reino Unido han asumido compromisos para descarbonizar sus sectores energéticos en los próximos años. El Reino Unido, por ejemplo, se ha fijado el ambicioso objetivo de contar con un sistema energético limpio para 2030. Sin embargo, ninguno de estos países cuenta con planes concretos para eliminar progresivamente el gas en sus más de 900 plantas de energía existentes, ni mucho menos para detener la construcción de nuevas instalaciones. Según el informe, esta contradicción socava gravemente la credibilidad de sus promesas climáticas.
En Europa del Este, la situación también es preocupante. Polonia, Rumanía y Bulgaria tienen planes para aumentar su capacidad de generación de energía a gas de 9 GW a 24 GW. Muchas de estas expansiones están siendo financiadas con dinero de los contribuyentes o fondos de la Unión Europea destinados originalmente a modernizar los sistemas energéticos y hacerlos más sostenibles. En lugar de promover las energías renovables, estas inversiones están reforzando la dependencia de los combustibles fósiles.
¿Un futuro sin gas en Europa?
En 2023, el gas fósil generó el 24 % de la electricidad en Europa, y un 17 % de esta cifra corresponde específicamente a la Unión Europea. Aunque algunas naciones, como Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Luxemburgo, Kosovo y Chipre, no tienen plantas operativas de generación a gas, el resto del continente muestra una tendencia alarmante hacia la expansión de esta fuente energética.
Actualmente, Europa cuenta con 855 plantas de energía a gas. Desde enero de 2023, solo cuatro han cerrado, y apenas siete están programadas para clausurarse antes de 2035. Este es el año límite señalado por la Agencia Internacional de Energía para que las naciones desarrolladas descarbonicen sus sistemas energéticos si se desea mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 °C.
El informe de Beyond Fossil Fuels también subraya la falta de inversión en infraestructura necesaria para un sistema energético basado en renovables, como redes eléctricas modernas y almacenamiento de energía. En cambio, los recursos se están desviando hacia la exploración y extracción de gas, así como hacia infraestructuras relacionadas, como gasoductos y terminales. Esto no solo perpetúa la dependencia de Europa de los combustibles fósiles importados de regímenes políticamente inestables, sino que también desvía fondos críticos que podrían destinarse a la transición energética.
Un llamado urgente a la acción
Alexandru Mustață, activista de Beyond Fossil Fuels, lo resumió con una potente metáfora: “No entramos en la era digital comprando máquinas de escribir en masa, y no construiremos un sistema energético limpio construyendo tantas plantas de gas”. La construcción de nueva infraestructura de gas es, según Mustață, “peligrosamente incompatible con los objetivos climáticos de Europa” y un camino directo hacia el caos climático.
Europa enfrenta una decisión crucial. Continuar por la senda de la expansión del gas significará comprometer sus compromisos climáticos y las posibilidades de evitar los peores efectos del cambio climático. La alternativa requiere un cambio radical hacia las energías renovables, acompañado de inversiones significativas en almacenamiento de energía, modernización de redes eléctricas y eliminación progresiva de las plantas de energía a gas. El tiempo apremia, y las decisiones que se tomen ahora definirán el futuro energético y climático del continente.