Ecología

El lado oscuro del fútbol: cómo el deporte más popular del mundo contribuye a la crisis climática

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El fútbol es más que un simple juego. Para millones de aficionados, representa una pasión inquebrantable, una identidad y, en muchos casos, una especie de religión laica. Con aproximadamente cinco mil millones de seguidores en todo el mundo, según la FIFA, y una industria que genera más de 35 mil millones de euros solo en Europa, es indiscutiblemente el deporte rey. Sin embargo, detrás de la euforia de los goles y la emoción de los torneos internacionales, se esconde una verdad incómoda: el fútbol es un importante contribuyente al cambio climático.

Un reciente informe titulado «Dirty Tackle», publicado por Scientists for Global Responsibility y el New Weather Institute, ha puesto bajo la lupa la huella de carbono del fútbol a nivel mundial. Según este estudio, la industria futbolística genera entre 64 y 66 millones de toneladas de CO2 anuales, una cifra comparable a las emisiones totales de Austria. A pesar de la magnitud del problema, los dirigentes del deporte parecen estar lejos de adoptar medidas serias para mitigar su impacto ambiental.

Las principales fuentes de emisión en el fútbol

El informe identifica tres principales fuentes de emisión en el fútbol: el transporte, la construcción de estadios y los patrocinios de industrias contaminantes.

El transporte es el mayor responsable de las emisiones de carbono relacionadas con el fútbol. En un partido promedio de una liga doméstica masculina, se generan aproximadamente 1.700 toneladas de CO2, y alrededor de la mitad proviene de los desplazamientos de los aficionados, en su mayoría en automóvil. En partidos internacionales, las emisiones se incrementan en un 50 % debido al uso masivo del avión. En eventos de gran magnitud, como la final del Mundial de la FIFA, las emisiones pueden multiplicarse hasta 42 veces respecto a un partido doméstico. Además, los propios equipos también contribuyen al problema: en 2023, un informe de la BBC reveló que los equipos de la Premier League realizaron 81 vuelos nacionales en solo dos meses, algunos de ellos con trayectos de menos de 30 minutos.

La construcción de estadios es otro factor significativo. Para la Copa del Mundo de 2022 en Catar, se construyeron siete nuevos estadios permanentes, con un impacto estimado de 1,6 millones de toneladas de CO2. La situación podría agravarse con la edición de 2034 en Arabia Saudita, donde se planea edificar 11 nuevos estadios, lo que podría tener un impacto ambiental sin precedentes, según Carbon Market Watch.

Los patrocinios también juegan un papel crucial en la crisis climática del fútbol. FIFA firmó en 2024 un contrato con Aramco, la mayor compañía petrolera del mundo. UEFA mantiene acuerdos con Qatar Airways, y muchos clubes reciben financiamiento de sectores altamente contaminantes, como la industria petrolera, aerolíneas y fabricantes de automóviles. Según el informe, el 75 % de las emisiones del fútbol están impulsadas por estos patrocinios, los cuales también fomentan hábitos perjudiciales para el medioambiente, como el uso de vehículos de gran tamaño y el transporte aéreo frecuente.

El caso de las Islas Marshall y su camiseta desaparecida

Uno de los ejemplos más impactantes sobre cómo el cambio climático afecta al fútbol proviene de un país que ni siquiera cuenta con una selección nacional oficial: las Islas Marshall. Este archipiélago del Pacífico, con solo 42.000 habitantes, es la única nación reconocida por la ONU que no tiene un equipo nacional avalado por la FIFA. Pero lo que es más preocupante, es que podría dejar de existir antes de que su selección juegue su primer partido internacional.

Las Islas Marshall tienen una altitud media inferior a los dos metros sobre el nivel del mar, lo que las convierte en una de las regiones más vulnerables al aumento del nivel del mar. En los últimos 30 años, el nivel del mar ha subido 10 centímetros, y un incremento de un metro podría hacer desaparecer el 80 % del Atolón de Majuro, donde vive la mitad de la población del país. Para concienciar sobre esta amenaza, la Federación de Fútbol de las Islas Marshall (MISF) colaboró con la marca deportiva PlayerLayer para diseñar una camiseta única: la «2030 No Home».

Esta camiseta comenzó a desvanecerse progresivamente en la campaña publicitaria, en un paralelismo con la desaparición inminente de las islas debido al cambio climático. Más allá de su simbolismo, la camiseta incorpora elementos culturales de la nación, como imágenes de canoas tradicionales y fauna local, junto con el número 1.5, en referencia al compromiso del Acuerdo de París para limitar el calentamiento global.

¿Qué está haciendo el fútbol para combatir la crisis climática?

Aunque el vínculo entre el fútbol y el cambio climático no es evidente a primera vista, su relación es cada vez más palpable. Cada año, el mal clima afecta a miles de partidos en todo el mundo, con estadios inundados, campos congelados y vientos extremos. En el Reino Unido, se estima que el 25 % de los campos de fútbol podrían quedar total o parcialmente inundados para 2050.

Algunos jugadores y clubes han comenzado a actuar. El español Héctor Bellerín prometió plantar 3.000 árboles por cada victoria de su equipo, mientras que Patrick Bamford, del Leeds United, adoptó un gesto simbólico en sus celebraciones para crear conciencia sobre el cambio climático. Clubes como Forest Green Rovers han dado un paso adelante en la sostenibilidad, operando con energía 100 % renovable, utilizando un campo de césped orgánico y recolectando agua de lluvia.

A pesar de estos esfuerzos individuales, la solución real pasa por una acción decidida por parte de los organismos que rigen el deporte. El informe «Dirty Tackle» insta a romper los lazos con empresas contaminantes y a reducir la expansión de torneos internacionales que fomentan los desplazamientos aéreos masivos. Solo así, el fútbol podrá jugar un papel positivo en la lucha contra la crisis climática y asegurar su futuro para las próximas generaciones.

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